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El circo al revés

En las etapas más avanzadas del Imperio Romano, cuando ya la decadencia era una semilla que se aferraba a la tierra de las siete colinas para acabar con su tiempo, los ciudadanos eran agasajados con fiestas y más fiestas, lo que con el tiempo hemos venido en llamar "pan y circo".

El hecho de ser ciudadanos de un imperio poderoso otorgaba a los romanos el derecho a obtener determinados alimentos así como a disfrutar gratuítamente de espectáculos de lo más variado como el teatro o el circo, donde no solo se asistía al desmenbramiento de enemigos del estado tras ser arrastrados por el carro del triunfo del general, cónsul o emperador de turno, sino a las cinematográficas luchas de gladiadores, considerados verdaderas estrellas para el pueblo, que apostaba y aplaudía las gestas de sus favoritos.

A lo largo de la historia otros "espectáculos" han tenido el mismo objetivo, tener al pueblo entretenido en cosas que no importan pero encauzan estupendamente las bajas pasiones, esas que se desatan cuando uno pierde su indivualidad y se convierte en parte vociferante de la masa enardecida; así se ha entretenido al pueblo con ajusticiamientos más o menos sangrientos como las decapitaciones, los ahorcamientos, las jaulas, los cepos y ya más elaboradamente los autos de fé, sin duda una cima en la escenografía pública.

Hoy, salvo la cada vez menos mayoritaria afición taurina, el verdadero rey del "circo" es el fútbol: once hombre (empiezan a despuntar los equipos de mujeres pero aún a años luz) en pantalón corto disputan a otros once una pelota. Ante sus evoluciones sobre el césped se congregan miles en directo y millones ante las pantallas, sus victorias inundan las calles como no lo consiguen las reivindicaciones más justas, cualquier detalle sobre lo acontencido o sus protagonistas ocupa horas y páginas de "información", hasta el punto que los espacios a él dedicados compiten en amplitud con los tradicionales informativos.

Nada nuevo bajo el sol, una actividad que entretiene al pueblo mientras se adoptan decisiones contra sus intereses, salvo por un detalle, los gladiadores eran esclavos, los ajusticiados no se presentaban voluntarios y las que ardían en las hogueras hubieran hecho uso de los poderes que no tenían para salir volando de allí, para el público el espectáculo era gratis (o al menos no pagaba entrada directamente, que despistar el erario público también cuenta con amplia tradición histórica).

Pero ahora, ahora no, el público paga por el espectáculo, ya sea en entradas a precios increíbles, (con desplazamientos que no se afrontarán en las vacaciones familiares, si se tiene la fortuna de ser de un equipo ganador), en apuestas, en horas de publicidad en la TV abierta, en cuotas de TV de pago, en artículos de sus héroes...Ahora el artista que entretiene cobra lo que sus seguidores no son capaces de calcular (en euros a partir del millón los ojos nos dan vueltas y el cerebro susurra "mucho, muchísimo) y por si acaso topa con la fuente de la eterna juventud, trata de ocultar al fisco la parte que le toca poner en la caja común, curiosamente sin que quienes son directamente perjudicados por la sequía económica de los presupuestos se plantee tornar la adoración en enfado.

Están locos estos romanos decían en la aldea perdida de Astérix.

7 comentarios :

  1. Como cambian los tiempos, tienes razón. Un abrazo

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  2. Los muy fans toman a estos ídolos como eso mismo, ídolos en el sentido más religioso de la palabra. Y no puede ser. Yo no le perdono ni a los míos que me roben. Porque entonces dejan de ser admirables. Tienen más de lo que nadie debería gastar. Y aún así lo hacen. Y se enfadan y mienten y lo justifican si los pillan. O sea que se apoyan en la fuerza de sus seguidores más descerebrados. Espero que los jueces sean todo lo objetivos que se les pide y no luzcan camisetas de uno u otro equipo. Buen fin de semana

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  3. Que se puede esperar de un país que dice que dios es Messi y Ronaldo su profeta.

    Un abrazo.

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  4. te diré para empezar que voy al fútbol domingo sí, domingo no, desde que tenía unos cinco años, no te diré si para ver jugar a veintidós millonarios (que quieras que no, tiene su aquel), o para estar un rato con mi padre... yendo eso por delante, te diré también que hace años ya dije que no entendía como la gente que no había salido a la calle para protestar por la reforma laboral que les estaba a punto de hundir la vida, sí que salió una o dos semanas después para celebrar que la selección de fútbol había ganado el mundial (o puede que el europeo, la verdad verdadera es que no lo recuerdo), cuyos jugadores decidieron al completo cobrar en el extranjero la prima que les dieron por semejante hazaña (y que les pagamos entre todos con nuestros impuestos), para no tener que tributar aquí, mientras enarbolaban (eso sí) una enormes banderas...
    creo que ese fue uno de los momentos en los que perdí la fe en los ciudadanos y ciudadanas de este país... y desde entonces no he sido capaz de recuperarla...
    así que llueve sobre mojado... hasta están reuniendo firmas para que al pobre chico ese que juega en el madrid le perdonen lo de los millones que haya defraudado...
    en fin...
    besos!!!

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  5. En toda época el espectáculo del circo tenía como finalidad mantener al público distraído de los problemas cotidianos pero en pocas ocasiones como ésta el efecto anestesiaste es tan evidente, efectivo y demoledor. No solo los futbolistas, que también, sino las figurillas emergentes de la tele. ¿Qué podemos esperar si la novia de un mal torero es considerada como la princesa del pueblo?
    Mejor no les puede salir la jugada.

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  6. Yo no recuerdo ni siquiera en mi pubertad haber tenido ningún ídolo ni ser fan (viene de fanático) incondicional de nadie, a lo más que he llegado es a sentir cierta admiración por el trabajo y el comportamiento de algunos personajes, y que rara vez coinciden con los que admiran, veneran, e idolatran la inmensa mayoría de mis conciudadanos.

    Por ejemplo, yo admiro el trabajo de esos hombres y mujeres, que son capaces de abrirte el pecho sacarte el corazón enfermo colocarte otro sano y regalarte unos cuantos años más de vida, yo admiro el comportamiento de esos bomberos voluntarios portugueses que la semana pasada se jugaban la salud y la vida (alguno la ha perdido) luchando contra el fuego, sin cobrar ni un solo euro, esa es la gente que yo admiro y quiero conservar.

    Pero sinceramente, me importa una p.m., (con perdón), que un engreído, prepotente, inculto, narcisista, egoísta y sobrevalorado personajillo, cuyo único mérito es corretear por un campo cuál cabra loca (con perdón de las cabras), pegándole patadas a una pelota, se vaya a la Conchinchina, eso sí, previo pago con intereses de todo lo que haya intentado robarnos a todos, y el cumplimiento de la pena de prisión que por dicho delito pueda corresponderle.

    Un beso Pilar y perdona por extenderme tanto, pero hay cosas que todavía me indignan y cabrean un montón.

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  7. Gracias por vuestros comentarios, cortos o extensos, realmente resulta sorprendente lo fácil que parece entretenernos, hacer mirar para otro lado, distraernos como a un niño con un sonajero... Y más si resulta que la fiesta la estamos pagando nosotros.
    En fin besos y más besos

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