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Experimento y magia


Pompas de jabón
Sebastian Pilcher

El sujeto número uno apenas levanta un metro del suelo, combate el calor con una ligera tela de algodón de rayas verticales azules y blancas y no se resiste en exceso a las indicaciones del sujeto número dos, vestido también de algodón en una poco causal combinación de estilos y colores, aun cuando manifiesta con rotundidad su voluntad en cuanto es contrariado. Por su parte el sujeto número tres, cubierto de una suave prenda de batista de algodón en blanco inmaculado, permanece en postura de reposo, intercalando periodos de sueño con otros de observación (aunque no pueda afirmarse con seguridad el alcance de su visión)

El experimento se inicia a la hora indicada en una zona sombreada de la plaza, el sujeto número dos extrae del contenedor que se balancea sobre el asa del vehículo que trasporta al sujeto número tres, un objeto novedoso y con cierto aire de misterio, lo muestra al sujeto uno que entretenido en la persecución de pájaros urbanos no parece muy interesado, al fin y al cabo una probeta de cristal transparente rematada con un cierre de plástico no resulta muy atractiva, aun cuando el cierre sea rosa chicle y el tubo esté adornado con círculos de purpurina, son detalles que se aprecian solo a muy corta distancia.

Siguiendo las instrucciones recibidas y la memoria de su propia vida, el sujeto número dos, desenrosca el cierre y extrae con él la varilla que hasta el momento ha permanecido en contacto con el líquido que alberga el tubo, que contemplado con detalle no es sino de un polímero de sencillo manejo, buena resistencia y alto grado de transparencia. Una vez extraída la varilla del mismo plástico rosa chillón de la rosca y que se abre hasta formar un óvalo hueco, acerca sus labios y exhala aire muy despacio dirigiendo la mirada al sujeto número uno que, interesado por el lento proceso, fija la vista en la varilla hasta que la delicada esfera recibe un toque de sol y se convierte en algo increíble que estalla en brillantes colores.

Apenas un instante después, persigue con la mirada otras esferas más pequeñas que siguen a la primera en un flotar indeciso y se decide a alcanzarlas, pero cuando se acerca o han desaparecido o suben hacia las ramas del árbol más cercano donde se pierden.

Captado el interés, el sujeto número dos repite el proceso y anima al sujeto número uno con expresiones sencillas y alegres: “mira qué bonito” invitándolo con gestos a perseguirlas en su breve baile sobre las corrientes invisibles del aire sobre el que navegan.

Por unos minutos el regocijo de la persecución, de la pérdida al conseguir tocarlas e incluso el nerviosismo alegre de recibir una en la mano, llena de risas el espacio, hasta el punto que el sujeto número tres abandona su reposo y reclama atención con un lloriqueo perezoso.

En este momento el sujeto número dos, decide desarrollar la siguiente fase tal y como ha sido convenido: entrega el artefacto al sujeto número uno y trata de enseñarle el sistema de producción de tan mágicas esferas, algo que consigue al segundo o tercer intento y que arranca risas como cascadas. Soplar despacio y cerrar el tubo antes de perseguir la magia es un proceso demasiado exigente, para un cuerpo tan pequeño así que se produce una cierta descoordinación de las fases y un excesivo roce de sus labios con la varilla y la película de jabón que la cubre, que no provoca más que alguna sorprendida mueca.

Con el sujeto número tres acomodado en las rodillas, el sujeto número dos reclama el tubo y produce series perfectas de grandes esferas y diminutas réplicas que sirven de reclamo a los saltos y cabriolas del sujeto número dos y los gorgoritos del sujeto número de tres que adelanta los puñitos como si en las manos cerradas pudiera colarse la magia transparente.

Desde una zona cercana del parque se acercan exploradores avezados, atraídos por las risas primero y las esferas después, el sujeto número dos acelera el proceso y dirige hacia arriba el resultado de la simple combinación de agua, jabón y aire, provocando una imagen deliciosa de pequeños sujetos vestidos de alegres colores saltando y riendo alrededor de una de las más sencillas muestras de belleza efímera.

Queda demostrado que a pesar de la modernidad, unas simples pompas de jabón pueden convertirse en la delicia de un grupo de niñas y niños pequeños, que primero las contemplaran boquiabiertos, después las perseguirán con aún más afán que a las palomas y más tarde querrán ser los artífices de tanta y tan simple belleza.

Y que hay pocas cosas tan deliciosas como ser el responsable de esa primera vez.

8 comentarios :

  1. Graciosa manera de contarlo.Me encantan las primeras veces.

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  2. Un aplauso, una original manera de exponer un juego tan antiguo como estupendo, para grandes tambien jeje. ¡Genial!

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  3. Un relato que atrapa la atención desde el primer párrafo. Ligero, delicado y breve como una pompa. Pero que te obliga a seguirlo hasta el final. Qué buena narrativa se va a perder Javier Marías por no dejarte entrar en su lista. Besos

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  4. Que bonita forma de contarlo

    Besos

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  5. Yo los veo a veces, aquí, donde vivo... y me vuelvo niño.... hay algo tan mágico como una pompa de jabón danzando en el aire?

    Besos.

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  6. Que gozada de como cuentas las cosas, ya que dan ganas de ponerse manos a la obra, a pesar de las calores tan agobiantes que nos está azotando.

    Besos Pilar.

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  7. Me han encantado tus sujetos hacedores de burbujas.
    ¡Qué bonito es ver jugar a los niños! y este es un juego mágico: simple y bello a la vez.
    Uno de los cuentos que más me gustaba de pequeña era el de un niño que quedaba atrapado dentro de una pompa de jabón y viajaba así por muchos sitios.
    Besos, Pilar.

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  8. Gracias a tod@s por vuestros ánimos en este proceso experimental.
    Besos

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