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Sonrisas maquilladas, risas mojadas

Globos de agua. Fiesta en el jardín

No le dan miedo, ni siquiera ha entendido porque sus primas mayores, Alicia y Elena se han ido corriendo entre grititos cuando los han visto aparecer en medio del jardín precedidos por el sonido de un tambor y una trompeta desafinada.

Claro que tampoco ha entendido demasiado por qué sobre la música, si es que a eso puede llamarse música (se ríe, recordando lo que le dice su abuelo guiñándole un ojo, cuando la descubre jugando con el piano del salón) ha sonado el grito atronador de su tío Javier llamando a toda la chiquillería al orden. Ahora que se acercaba al primer puesto de la cola para subirse al castillo hinchable, ahora que no hay nadie y parece susurrarle: entra, pasa, deja tus zapatos brillantes en la hierba y salta como una loca, juega con la falda del vestido ahora que nadie va a regañarte…, ahora tiene que ir a ocupar su lugar frente a esos dos.

Trata de ver bajo las capas y capas de maquillaje, de descubrir cuál es en realidad su expresión oculta por una sonrisa excesiva y unos ojos aún más grandes que los de sus Monster High, porque nadie puede sonreír tanto llevando esas pelucas tan feas, esos zapatos tan sucios, esa nariz de plástico con goma, como las narices con bigote de la fiesta de fin de año que le regaló papá y que le hacían marca en las mejillas.

No entiende la gracia de que el más alto le quite al pequeño sus chucherías cada vez que se da la vuelta y éste se siga riendo, en el colegio le han dicho que a los que hacen eso se les llama abusones y hay que decírselo a la señorita. Tampoco le hacen reír las caídas del pequeño cuando el alto le quita la silla, su abuela se hizo mucho daño cuando se cayó de culo, de espaldas en la boda de su tía Patricia bailando con el novio.

Aunque a su primo Miguel le está pareciendo estupendo porque aprovecha para recoger todos los caramelos que tiran entre caída y caída, bueno Miguel siempre hace lo mismo con los caramelos y luego se pone malo, una vez incluso vomitó en la parada del tranvía después de la cabalgata.

Algunas niñas se ríen un poco, otras se entretienen con los globos que han cogido al sentarse, pero salvo dos niños que se dedican a imitarlos rodando por el suelo con las camisas por fuera del pantalón, la actuación no va muy bien y eso se nota, porque tras los tachán no hay aplausos, nadie se ha presentado voluntario para un juego de magia y muy pocos se saben la canción que les animan a cantar con el tambor y la trompeta de colorines.

Menos mal que mamá está pendiente y con una sonrisa casi tan grande como la de ellos, pero de verdad irrumpe en el improvisado escenario y despide con un aplauso a los artistas.

Como se ha quedado mirando cómo recogen sus cosas cuando se quiere dar cuenta es de nuevo la última en la cola del hinchable. Definitivamente los payasos no le dan miedo, ni pena como le explica ahora Elena mientras se quita los zapatos, pero no los entiende, aunque tras advertir con el rabillo del ojo que su madre está sacando toallas y camisetas y su padre carga con un barreño enorme de globos de colores, ya sólo piensa en lo divertido que es correr amenanzado con un globo de agua en cada mano.

10 comentarios :

  1. Divina infancia, cuando nos asomamos al mundo con ojos nuevos.

    Un besazo.

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  2. Puede haber algo más triste que un payaso que no haga reír?

    Ah, sí, hay algo más triste: un payaso gobernando.

    Besos.

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  3. La historia muy bien contada, atrapa. Pero a mi no me gustan los payasos, es como las máscaras en carnaval siempre estoy alerta.
    Un abrazo muy grande

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  4. Yo también me identifico con tu personaje. No tengo mucha afición a los payasos. Luego a los payasos de mayor, esos que no llevan maquillaje y son cómicos sí, pero las narices de goma y todo lo demás, pues no. Ni miedo tampoco, claro.
    Como siempre, me dejo llevar por el ritmo de tus frases y por la capacidad para el detalle que tienes. No hay literatura sin esa visión tan aguda. Y por suerte la tienes. Besos

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  5. Me encanta saber que he sido capaz con mi texto de esta semana a una persona como tú. Y me alegra y me justifica el esfuerzo. Tu texto me resulta fresco, directo, sugerente, directo y que evoca secuencias infantiles seguramente deseables para cualquiera. Un beso

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  6. Todo mi respeto para los payasos del circo, a los otros payasos que no tienen ni pizca de gracia y los encontramos todos los días, que les den morcilla, y a los payasos políticos que los metan en una jaula, y les echen cacao como a los monos.

    Besos Pilar.

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  7. Gracias a todos, estos ejercicios de escritura me están suponiendo tanto esfuerzo como satisfacción. Besos fresquitos

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  8. Muy bueno, Pilar. Una escena festiva y veraniega desde el punto de vista de una niña. Desde luego es mucho más divertido saltar con las faldas al viento y lanzar globos de agua que mirar a los payasos. Estoy de acuerdo con ella.

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  9. Muy bien contado.
    Recuerdo payasos sin gracia...muchos...

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