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W.V. para Contexto
Y gracias a la Justicia argentina y al dinero de un sindicato nórdico, así ha conseguido Ascensión Mendieta algo tan sencillo como enterrar a su padre, ochenta años después de que fuera asesinado.

Si esta realidad, sencilla, pequeña, menuda y aparentemente débil como la propia Ascensión no es capaz de conmoverte, puedes leer parte de la crónica de Willy Veleta en Contexto, No sabían que sembraban semillas.

Hoy me debato entre la alegría y la profunda vergüenza, entre el orgullo por la lucha de una mujer sencilla y la rabia por un país que cerró los ojos, las puertas y las ventanas a todos aquellos que además de su dolor tuvieron que soportar cuarenta años de silencio y miedo.

Del mismo modo que los aliados no volvieron su mirada a España cuando acabó la II Guerra Mundial para liberar a los españoles sometidos al fascismo, tampoco los recién bautizados demócratas de la bendecida transición miraron a los sometidos, a quienes habían soportado en silencio forzado cuarenta años de victoria, y lejos de ofrecerles verdad, justicia y reparación les impusieron la obligación de seguir callando para el bien de todos, sin ignorar que esos todos son siempre los mismos.

Hace unos días, el Rey nombró al régimen de Franco como dictadura, pero de nuevo olvidó a cuantas y cuantos padecieron en su nombre, en su soberbia y la de los suyos convencidos de ser los únicos con derecho sobre esta tierra castigada, qué ganas de gritarle "Alteza, si hemos de esperar a que sea su hija quien reconozca lo sufrido en la dictadura, no quedará ya quien pueda llorar a sus muertos" y noto como se afianza y crece una semilla de república que se cuela entre la seguridad de que no es la forma del estado lo que determina su nivel democrático.

Ascensión Mendieta entierra a su padre 80 años después
Y me indigno y se me llenan los ojos de lágrimas, de pena, de rabia, de impotencia, cómo somos capaces de conmovernos con las desgracias de las películas, con las barbaridades de los nazis en Alemania, de los gobiernos torturadores de los ochenta en sudamérica donde a los asesinados se les llama desaparecidos porque no los fusilaban tras la tapia del cementerio, pero cuyos cuerpos tampoco han sido hallados...y es Ascensión con su dignidad quien me consuela.

Ella, de quien ha escrito Cristina Fallarás La Memoria en los huesos. Ojalá a Timoteo Mendieta, al fin la tierra le sea leve.

11 comentarios :

  1. Conocía el caso desde hace años, conocer el proceso solo provoca vergüenza. Mientras que los hijos y nietos de los que ganaron la guerra, hoy en el poder, no reconozcan los actos que comieron sus padres y abuelos, aquí se vivirá con rencor.

    Saludos

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    1. No sé si con rencor pero sin duda con algo dentro, algo oscuro y malo.
      Un saludo

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  2. Si no somos capaces de ponernos de acuerdo en un relato común sobre la República, el levantamiento militar y la guerra civil, que es solo cuestión de pensar, menos aún van a ser capaces de emplear un mínimo presupuesto en recuperar los restos mal enterrados en las cunetas.
    Somos un país de cainitas.
    Besos.

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    1. Creo que somos mucho peores de lo que nos pensamos, porque somos fundamentalmente cobardes.
      Un beso

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  3. Me asustan las dictaduras. Las leo y me asustan. Sobre todo me asusta como personas normales se convierten en cerdos torturadores cuando les ampara ls inmunidad. Yodavia me duele yugoslavia por esto.

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    1. Y tantos otros escenarios, sin necesidad de cruzar más fronteras que el tiempo. Creo que el ser humano es capaz de lo peor muchas más veces que de lo mejor

      Un saludo

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  4. Lo del Rey va para nota.... condecorando a Martín Villa...

    El Rey hará bueno a su padre... vaya tela.

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    1. Ya te digo, criado en democracia vive mucho más lejos de la realidad.
      Un beso

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  5. Tenemos tantos ejemplos de dictaduras y de gentucilla que hace barbaridades pensando en no sé qué razones, que para ellos son muy válidas, pero que al sentido común no les hacen ningún favor, que a ratos no sé si eso se acabará alguna vez.
    Es muy triste.

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  6. Una entrada muy realista en la que estoy de acuerdo totalmente contigo Pilar.

    Besos.

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  7. No olvidemos que una buena parte de nuestra clase política, y no solo los PePeros, son hijos y nietos de los genocidas que llenaron las fosas comúnes.

    Ya he dicho en alguna ocasión, que reconocer que nuestro abuelito, aquél tipo dulce y amable que nos acunaba sobre sus rodillas, fué un asesino frío y despiadado es duro.

    Por no hablar del miedo a rebuscar los motivos de fondo de aquellos asesinatos, que no fueron otros que las envidias, las rencillas personales, o sencillamente el robo descarado de bienes y haciendas.

    Quieren pasar por encima de los muertos hasta su olvido definitivo, no vaya a ser que despues de desenterrados, alguien se pregunte porqué y quién los hizo asesinar.

    Tienes razón, hay algo oscuro en todo esto, y no es otra cosa que la culpabilidad y el remordimiento.

    Un besazo.

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