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Tras la puerta


Niñas
Bekam Russom
No recuerdo la última vez, me entiendo mejor con las máquinas, pulso el botón, sigo sin comprender la seguridad basada en alguien parapetado entre pantallas que medio mira y decide que no le vas a atracar, pero aquí estoy, tras siete personas en ordenada fila tras una línea en el suelo que pide intimidad y que faltos de espacio se agolpan casi rozándose porque entre las vacías mesas para asuntos importantes y la maquinita para las libretas, no hay dónde meterse y menos cuando tras el pitido de rigor vuelve a abrirse la puerta para dar paso un hombre joven con dos niñas de unos 10 años que salen disparadas hacia la mesita baja de la derecha a la captura de los caramelos que naufragan en un bol de colores corporativos caducados.

Una persona mayor quiere dinero en efectivo y el empleado cede a regañadientes no sin antes asegurar a la fila que atiende al conflicto mirando para otro lado, que esto no va a repetirse; una chica paga facturas, otro quiere divisas sin saber que hemos centralizado el servicio y debe ir a la central, otra abre una carpeta y extiende papeles para contar que si no quiere pagar algo, no deben pagarlo y menos cobrarle…

Me entretengo con el parloteo de las niñas preguntando si pueden coger otro caramelo porque éste está rancio, deduzco que vienen a pagar el campamento de verano. Cuando terminen irán a elegir las cantimploras, una la quiere de Frozen y la otra de Wonder Woman porque el agua no le saldrá helada pero es mucho más fuerte, valiente y acaba con los malos. No puedo evitar volverme y toparme con la sonrisa divertida del padre que luce una camiseta de Marvel, creo que ha encontrado una cómplice.

Mi turno, buenos días, buenos días, una transferencia, éste mi DNI, éstos los datos, firme aquí, gracias, adiós. Menos de dos minutos en la gestión y algo más de veinte en la espera, cosas que pasan cuando cruzas la puerta de un banco. Si dejamos de hacerlo, un día ya no habrá nadie dentro y las conversaciones en el cajero son menos divertidas.

6 comentarios :

  1. Y lo que es peor, administran nuestro dinero, si el mio, el tuyo el de todos, y por el modo en el que nos tratan parece que es de ellos, que les pides un favor para que te dejen unos eurillos para mal tirar del mes, además, ganan dinero a nuestra costa.

    A la banca habría que hacerle un boicot.

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  2. Además ahora te miran como si les debieras la vida incluso cuando ingresas dinero o quieres pagar recibos más allá de las diez.

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  3. Y cada vez se vuelven más caricúlicos cuando te ven asomar dos veces al año (porque más no es) para hacer una transferencia en persona, por que quieren que manejes tu cuenta sólo digitalmente y a mi como que no me cae eso muy bien, mientras pueda.

    Un abrazo

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  4. No hay intimidad ni respeto.
    ellos existen porque nosotros les confiamos nuestro dinero, cosa que olvidamos. Al banco se va con la cabeza alta, no lo olvidemos.
    Siempre que voy, movida.

    Besos, Pilar.

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  5. Yo para el IBI anual me comí tres cuartos de hora y es lo único que he tenido que hacer en vivo este año. Como esa gestión no les reporta, creo, beneficios y va para el estado tampoco es que se te muestren muy agradables. Yo no echaré de menos las esperas. Prefiero la charla con las verduleras del mercado. Siempre me llaman guapo. Espero que no se informatice ese mundo del pequeño comercio. El banco en cambio me da grima. Si te ponen mala cara te sienta mal. Si te ponen buena cara y les miras a los ojos la ves falsa. De tu oficina solo me quedo con los frikis.

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  6. ¿Te acuerdas cuando íbamos a refundar el capitalismo? El autor de la frase, si no estoy errada, fue Nicolas Sarkozy. Y ahí los tienes a ambos, el político de vuelta a la vida privada. El capitalismo dictando las normas y enseñando las lentejas: si quieres las tomas.
    Con un riesgo añadido: si un día se les entufan las narices a los hackers y ponen patas arriba el sistema bancario -operación perfectamente factible- nos quedamos con lo puesto.
    Vivimos tranquilos solo porque somos algo insensatos.
    Besos.

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