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Voces que no se pierden

No he conseguido sacar un rato para escribir desde la estimulante charla de Silvia Federici, cuando me encuentro repasando el libro de Kate Millet “Política sexual” (la primera tesis doctoral sobre género que se realizó en el mundo, claro que hablamos de 1969), como homenaje íntimo a una mujer que nos ha dejado, a sus casi 83 años, tras una larga y fructífera vida.

Una mujer capaz de afirmar entonces cosas como que “lo personal es político”, sacando nuestras realidades del entorno opaco y oscuro de los hogares y denunciando con ello que en el ámbito privado se desarrollan relaciones de poder que sustentan la base del resto de estructuras de dominación del ámbito público, o que "la supremacía masculina, al igual que los demás credos políticos, no radica en la fuerza física, sino en la aceptación de un sistema de valores cuya índole no es biológica", dando carta de naturaleza al concepto de patriarcado como construcción social y cultural y totalmente alejado del tradicional argumento que sustenta las diferencias una cuestión genética.

Argumentar y demostrar que “el sexo es una categoría social impregnada de política", o que el amor funciona "como el opio de las mujeres" facilitando que mientras nosotras amamos, ellos gobiernen, a principios de los años 70 debía ser un mensaje algo más que radical, pero que seguimos reivindicando cuando planteamos la trampa del amor romántico o negamos la idea que el deseo femenino solo nace en el marco de una relación amorosa de pareja.

Su denuncia sobre como la estructura familiar tradicional sustenta el patriarcado siendo su
mejor escuela, o la afirmación de que "uno de los mitos favoritos de la mentalidad conservadora consiste precisamente en que toda mujer es una madre en potencia", no nos llegan como ecos de un pasado en sepia sino como una urgencia sin resolver, como sin resolver sigue la reiteración literaria de los mitos de Pandora y Eva, responsables de nuestra calificación de malignas y peligrosas. 
 
 
Pero no todo en Kate Millet sabe a derrota o a batallas por librar, también nos dejó escrito que debemos crear un mundo algo más llevadero que el desierto que habitamos hoy, y en ello estamos.
 
 
Sobre la movida catalana, ¿qué decir? Mucho me temo que andan jugando al gallina y nadie va a apartarse a tiempo, ojalá no tengamos que lamentar más daños que los provocados en el orgullo de quienes no quieren escuchar y quienes ya han decidido no hablar.

6 comentarios :

  1. Las ideas de Kate Millet resultaron muy estimulantes en los años 70. De hecho, contribuyeron a dar un empujón ideológico al feminismo de la época. Lo que me sorprende es que 40 años después estemos aún defendiendo avances que nos parecían consolidados. O teniendo que explicar aspectos que creíamos superados por conocidos.
    Eternamente Penélopes...
    Besos.

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  2. Hay cosas que parece que ya resolvimos pero a cada paso nos damos cuenta de que aun nos queda repetir la tarea. Muy oportuna tu entrada, siempre actual. Abrazos

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  3. Desconocía a Kate Millet pero de algún modo creo que sí conocía su pensamiento porque me han llegado como ecos de alguna película o serie dónde alguien dice algo parecido. Y claro que el mundo no ha cambiado desde 1969. Ni desde la época de los griegos. Avanzar en tecnología es sólo avanzar con materia. El pensamiento es otra cosa.
    Interesante tesis la de Millet. Besos

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  4. No la ocnocía.
    Ahora sí.

    Gracias.

    En cuanto a lo catalán no sé cómo acabará todo, pero creo que la herida tardará décadas en cicatrizar, eso si cicatriza...

    Besos.

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  5. Muy buen homenaje a Kate Millet, hoy hubiera sido su cumpleaños, pero no llego por una semana. Además inteligentísima y valiente como ella sola, casi pierde la vida, -bueno pierden ella y su compañera- cuando ambas viajaron a Irán a luchar por las mujeres en el 79, el año que nació mi hija.

    Un abrazo

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  6. Hay días que parecen un retorno, pero incluso desde el pasado y la tristeza se pueden obtener fuerzas para seguir peleando.
    Un beso

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